sábado, 14 de junio de 2014

Penny Dreadful


Hay algo que no calza bien con Penny Dreadful. No debería ser tan buena.

Cuando se crea una serie que reciclará ideas de historias tan conocidas y adaptadas infinidad de veces, siempre existirá cierta reserva  o posibilidad de que falle completamente, que es el caso cuando se trata de figuras fantásticas tan conocidas y exploradas. Por suerte, esta serie se encuentra en ese pequeño porcentaje que logra hacer que un montón de ideas recicladas sean divertidas de nuevo.
Su género entra en la revivida categoría de terror en televisión; luego del éxito de American Horror Story y sus ridículas historias y la más callada Hannibal que se apoya en su estilo visual y horror más psicológico, Penny Dreadful logra su buena calidad en mantener la información de la trama al mínimo. Es su aire intrigante de misterio que dejará al espectador con ganas de saber lo que hay detrás de lo que se nos muestra después de los primeros dos episodios; sin embargo, esas pinceladas de introducción de trama y personajes están tan bien hechas que no podíamos dejar por fuera la recomendación que HBO transmite por Latinoamérica.
El término "penny dreadful" se utilizó en Inglaterra, durante el siglo 19, para referirse a pequeñas publicaciones de cuentos que costaban un penique; es decir, historias sensacionales de poca categoría que se volverían muy populares entre los jóvenes de la época. La serie, toma esas historias tan conocidas -hoy clásicos-, originadas en ese siglo, y las mezcla en un solo mundo para darnos el curioso resultado que es Penny Dreadful.  
El exceso de cuentos fantásticos puede ser abrumador para cualquiera, y sería fácil que la serie se desmorone poco a poco con tantas historias que quiere sostener, pero nunca es demasiado; un desliz narrativo del tercer episodio no le quita el enorme disfrute que logra Penny Dreadful con sus personajes, todos con secretos e historias pasadas. Ahí está la mejor parte del programa: las interacciones de estos seres sospechosos en vestuarios y diálogos extravagantes (¡qué diálogos!) que permiten involucrarnos en esa atmósfera melancólica y misteriosa, ya de por sí bien lograda, con la oscura coloración y escenografía. No olvido mencionar la excelente dirección, evidente en el buen manejo de la cámara en varias secuencias con y sin cortes, ni las actuaciones, igual de enigmáticas a sus personajes, de Eva Green (genial), Timothy Dalton y Harry Treadaway (excelente) como el doctor Victor Frankenstein.
Penny Dreadful tenía todo en su contra para llegar a tener buena calidad; por suerte, desafía todo pronóstico preliminar y logra un auténtico entretenimiento para quienes disfrutan de esas historias recicladas ya tantas veces, pero con un resultado favorable que puede distraer hasta a quien menos guste del terror.

Estrena nuevo episodio los viernes en HBO Latinoamérica.

lunes, 26 de mayo de 2014

Hannibal: segunda temporada

No hay serie igual a Hannibal.






En su primer año fue un experimento muy ambicioso que resultó en una excelente manera de volver a contar una historia de la cual ya sabemos el final, pero más importante era el viaje hacia esa conclusión. Al término de su segundo año, dentro de sus giros narrativos retorcidos y aspectos meramente psicológicos, salió a relucir la verdadera joya del programa: sus historias visuales. El equipo de producción está consciente del estilo y firma que hace resaltar a la serie, la extravagancia que la identifica será utilizada de la manera más exagerada posible a través de las hermosas imágenes con sobresaturación del color y detalles grotescos y aumentados en primer plano que cuentan la historia detrás de los "platillos" que cocina el doctor Lecter.
La división de la segunda temporada que sostuvo a Will Graham tras las rejas durante seis episodios fue, además de arriesgado, la excelente base que necesitaba la relación entre él y Hannibal, construyendo un vínculo diferente al que tuvieron el primer año (una evolución más retorcida y manipuladora al saber Will el verdadero lado de Hannibal), pero centrada en llegar a la segunda mitad que, a pesar de ser más problemática, mantuvo un nivel de tensión y confusión (sobre todo para el espectador) que llevaron a un dolor y sorpresa más impactantes al ser resueltos en el clímax del final de temporada, dirigido de manera brillante por David Slade.  
Es el genio de Bryan Fuller y su equipo de escritores que sostienen trece episodios al año y logran crear piezas de televisión no solo de gran calidad, sino que entretienen enormemente con esta re imaginación de los libros originales de Thomas Harris; pero es aquí donde se nota, más que en otras producciones, la colaboración de muchas partes que crean un programa de televisión: la dirección artística, la música y edición de sonido, el diseño de producción y las actuaciones sobresalen de manera independiente para crear, entre sí, un conjunto que se transforma en lo que vemos en pantalla cada semana. Si las palabras no me alcanzan para poder abarcar esta deliciosa y terrorífica serie, es porque sería imposible describir su grandiosidad de imágenes que resaltan enormemente, en la pantalla, su incómoda belleza, y dan una sensación de estar viendo, más bien, una obra de arte.   

miércoles, 21 de mayo de 2014

Fargo










Es cansado que existan adaptaciones o re imaginaciones de historias que fueron bien contadas en su momento y se quiera intentar emular el impacto que tuvieron o la conversación que generaron. Aquí, como el mismo título sugiere, el intento es de adaptar una de las mejores películas de los hermanos Coen, Fargo. ¿Cómo es posible intentar tocar la genialidad de esa película? Pues el creador, Noah Hawley (que escribió todos los episodios), lo logró y con un resultado que me sorprendió.
El primer episodio es un claro homenaje a la filmografía completa de los Coen, con un parecido en los personajes, la manera de hablar, la fotografía y el estilo de narrar; eso sí, la historia es completamente diferente al filme original: más bien resulta una manera de contar algo nuevo con los pequeños y curiosos detalles que resaltaron en ese entonces, ese mecanismo de causa y efecto que, si no se maneja bien, puede resultar forzado y poco creíble. Por suerte, aquí no llega a eso.
Es a partir del segundo episodio que Fargo se acomoda mejor y se vuelve verdaderamente una serie que mueve sus piezas como si cada episodio fuera el capítulo de un libro. 
Porque con apenas diez episodios programados, Fargo no será de los programan que continúan  después de terminar su primer año; eso le da confianza en contar su historia de manera más suelta y como piezas de un rompecabezas que no siempre tendrán una trama distinta cada semana. Así se sienten varios episodios que establecen la base de los personajes para los enfrentamientos entre ellos hacia el final de su recorrido.
La producción se lleva la mención de honor. El elegante estilo cinematográfico de la película está presente en esta versión para televisión y no pierde la oportunidad de mostrar los paisajes de Minnesota (pues el pueblo del título queda inexplicablemente por fuera); se le une la formidable banda sonora de Jeff Russo que tiene la genial mezcla de suspenso y comicidad para ayudar al tono de la serie. No se quedan atrás las excelentes actuaciones de los cuatro protagonistas: un aterrador Billy Bob Thorton, Colin Hanks, la muy agradable presencia de la desconocida Allison Tolman y el estelar Martin Frreman disfrutando cada escena en la que aparece.
A pesar de tener un par de altibajos en el guión y ser un programa que es llevado más por la trama que por sus personajes, Fargo llega a captar esa chispa de la película con una historia original que, a ratos, llega a ser hasta más macabra. No se la pierdan.

jueves, 17 de abril de 2014

The Americans: segunda temporada

Para los que analizamos infinidad de programas de televisión y el tiempo apenas nos alcanza, una
manera de verlos es mientras se hace otra cosa. Lograr ver un nuevo episodio, dependiendo de la serie, puede hacerse sin prestarle toda la atención del caso, es entretenimiento digerible de manera más fácil.
The Americans tuvo, desde su estreno el año pasado, la peculiaridad de ser un programa donde había que ver sin distraerse porque no es una premisa que "atrape" al espectador fácilmente o, en muchos casos, que el espectador entienda. Su atención a los detalles es una admirable forma de hacer televisión, y son detalles que se pueden captar solo si se les observa con cuidado.
Es mientras está al aire la segunda temporada que me doy cuenta de lo difícil que es ver The Americans, una serie que fácilmente puede aburrir a gran parte de la audiencia y que es para quienes llegan a encontrarle el silencioso encanto que produce semanalmente.
Dentro de sus historias de espías está presente un constante cuestionamiento de lo que es el bien y el mal, qué es lo importante en la vida de este matrimonio arreglado que terminó enamorándose. 
La dirección de esta temporada, y la construcción del tema en general, surgió cuando Phillip y Elizabeth encontraron a una familia amiga, y a dos de sus hijos, asesinados en la habitación de un hotel; la imagen no solo fue un impacto increíble para lo que fue un excelente episodio, sino que permitió que los protagonistas se dieran cuenta del peligro que implica su "trabajo" y que las consecuencias podrían recaer en sus hijos, sus verdaderos hijos.
Así, los jefes de las serie, Joe Wiesberg y Joel Fields, construyen una cantidad de situaciones que, sin darnos cuenta, se han ido complicando de la mejor manera posible y siempre conscientes sobre el cuestionamiento de cuál es la razón detrás de cada acción que realizan Phillip y Elizabeth (matar a una persona inocente que estuvo en el lugar equivocado en el momento equivocado), sin olvidar el "punto débil" que ahora tienen: el amor por su familia.
Con actuaciones sutiles pero de excelente calidad al punto que transmiten cada emoción de la manera más natural y con la preocupación constante en sus rostros, Matthew Rhys y Keri Russel encarnan a dos rusos encubiertos que "disfrutan" de la vida americana mientras hacen lo imposible por filtrar información que beneficie a su patria original; eso sí, no se deben despegar los ojos de la pantalla porque se podría escapar algún gesto o mirada que puede ser más significativa que una línea de diálogo. 

lunes, 14 de abril de 2014

Game of Thrones: cuarta temporada

Si hay algo con lo que a Game of Thrones le gusta jugar es con su status quo. Cada muerte que impresione al espectador dará paso a una nueva manera de ver las historias que apenas iban encontrando un ritmo estable y, si se quiere, más "televisivo". Esto porque las series de televisión llegan a establecerse rápidamente en lo que les funciona junto a lo que le gusta a la audiencia más o menos finalizando su primera temporada y al comienzo de la segunda; como Game of Thrones está basada en los libros de George R. R. Martin y como su manera de jugar con el aspecto de "nadie está a salvo" es parte tan intrínseca de su obra, la serie transmite muy bien esa sensación a la hora de representar las muertes que Martin describe, con ese detalle extra del elemento sorpresa. Es así como, con cada personaje perdido, las dinámicas establecidas de los demás se desmoronan para llegar a algo nuevo con cada episodio.
Por otro lado, Game of Thrones tiene la desventaja -también, por "culpa" del libro- de tener demasiados personajes; tanto, que la cuarta temporada tomó dos episodios para ponernos al día con todos los protagonistas y sus diferentes historias; es difícil, incluso, reconocer la cantidad de nombres de los personajes principales y, aún más, de los nuevos que aparecen cada año. Pero el trabajo detallado de los "jefes", David Benioff y D. B. Weiss, logra que cada momento que estamos con alguien específico sea de la mejor manera posible, recordándonos el porqué nos interesa lo que suceda con cada una de las personas que conocemos de la serie.
Después de la trágica muerte de tres personajes principales en la "Boda Roja" (Red Wedding), no había mejor manera de equilibrar esa pérdida con otra que muchos habían esperado y parecía imposible que sucediera. Jofrrey Lannister es, posiblemente, uno de los personajes más odiados en televisión de los últimos años. Sus acciones de chiquillo malcriado e insolente con todo el poder de un reino en sus manos eran razones suficientes para detestar a una persona tan horrible con apenas dieciocho años, además, lograban buena televisión por su tensión e impotencia de los que le rodeaban y de los que veíamos. Con su muerte (en un excelente montaje casi teatral que acaparó más de veinte minutos del episodio), las posibilidades para el futuro de la serie son inmensas, pues la cabeza que sostenía un cierto orden del reino (siendo su abuelo y madre el verdadero poder detrás del trono) o, por lo menos, un temor ante la corte real, representaba lo más cercano a ese status quo de televisión que Game of Thrones sostuvo desde su primer año y al hacerlo apenas en el segundo episodio del año, cuando el clímax siempre ha sido llegando al final de temporada. Ahora, viendo los créditos de escritura y dirección de los episodios futuros y a pesar de sostener más de veinte personajes con historias separadas, no hay duda de que todavía nos esperan los viajes más interesantes y emocionantes que la serie puede ofrecer. Estamos en buenas manos.
Valar Morghulis!

lunes, 24 de marzo de 2014

The Good Wife: Dramatics, Your Honor

Cada cierto tiempo, los escritores de una serie de televisión deciden cambiar la dinámica del curso narrativo eliminando a uno de sus personajes, sea que no aparezca más o asesinándolo.  Las razones de esta decisión varían según los detalles de producción que muchas veces no llegamos a saber, y mientras los escritores deben lidiar con el largo proceso creativo de matar al personaje de manera orgánica, a los espectadores nos toca lidiar con el impacto de la manera más sorpresiva, causando tristeza profunda o un enojo que resulte en renunciar a ver el programa. Infinidad de series han recurrido a muertes repentinas y chocantes: The Walking Dead, por su naturaleza, lo hace siempre; Breaking Bad logró manejarlo muy bien las pocas veces que lo hizo; y Game of Thrones llegó a un extremo tan sorpresivo que estremeció a todos sus fanáticos cuando alcanzó el clímax del año pasado.
El caso de The Good Wife, excelente serie que siempre ha sobresalido con sus historias legales y --más importante-- sus dinámicas entre personajes bien construidos y actuados, es de esos que, cada semana, nos podemos adentrar al pequeño mundo creado y ser testigos de los problemas y ocurrencias para solucionarlos que surgen en las oficinas de los abogados. ¿Quién se iba a imaginar que nos apegaríamos tanto a los personajes que la ruptura del status quo episodios atrás definiría el tan doloroso, pero necesario cambio de las historias en curso? 
Pero nadie había muerto. 
En esa comodidad, nunca pasó por la mente de ningún espectador que uno de los personajes principales y más queridos acabaría asesinado en el momento menos esperado y de la manera más impresionante posible en uno de los lugares tan representativos de la serie: la sala del tribunal.
¿Que el elemento sorpresa es un mecanismo narrativo para atrapar más al televidente? Sí. Pero que la pérdida duela tanto por haber conocido a este personaje durante cinco años es digno de ser mencionado por el impacto tan grande que causó The Good Wife en su último episodio. Un acto espontáneo de violencia es posible, a pesar de tener efectos obvios de melodrama para televisión, no se le puede quitar la bien manejada intensidad durante los últimos diez minutos de episodio: pasar de asombro, a negación, a esperanza y, por fin, al reconocimiento de que en realidad sucedió. Una tragedia así suele olvidarse rápido en televisión; en The Good Wife, no cabe duda de que el futuro de los personajes será marcado por este evento y que cambiará de nuevo la dinámica de la serie, pero esta vez no a nivel narrativo, sino de profundidad de personajes, donde entenderemos las reacciones de cada persona ficticia y nos identificaremos con ellas por el simple hecho de entender la pérdida de alguien cercano. Ese es el resultado de años de conocer a estos personajes y vivir tan intensamente (al menos en mi caso) cada pequeña historia que el programa ha mostrado.
Pocas series logran representar en pantalla las repercusiones que trae la muerte, aunque ninguna que haya visto este Hablador de Tele ha sido tan real como la muerte de Will Gardner.     


  

miércoles, 5 de marzo de 2014

Orphan Black


Es difícil que una serie de ciencia-ficción tenga éxito en televisión. Se le podría echar la culpa al
presupuesto porque muchas veces estamos ante la errada impresión de que solamente con efectos especiales reconocemos que sea ciencia-ficción, pero es la historia misma que debe sostener un buen argumento, sea cual sea el género.
El caso de la serie canadiense Orphan Black es uno de los pocos donde se puede alabar el uso de los efectos especiales para crear un verdadero truco visual que, además de estar justificados, llena de vida el argumento inicial de la serie y sus diferentes historias a través de la temporada. 
No es posible explicar una sinopsis inicial de la serie sin revelar el detalle más importante que se revela hasta el tercer episodio, pero al llevar tanto tiempo de haber terminado su primera temporada y a poco tiempo del estreno de la segunda, no habrá problema en mencionarlo.
Sarah Manning, joven rebelde y sin hogar, se topa con una mujer idéntica a ella y presencia su suicidio lanzándose frente al tren subterráneo; Sarah asume la identidad de esta mujer y debe enfrentar las consecuencias mientras más se apodere de su nueva falsa "personalidad". Lo que no sabe es que existen más personas iguales a ella: son sus clones.
Más allá de ser una simple trama de ciencia-ficción, Orphan Black se centra en los conflictos (internos y externos) de sus personajes que, a pesar de ser pocos, logran una complejidad interesante para una serie pequeña como esta. Sobresale grandemente la impresionante Tatiana Maslany, ella debe darle vida a unos cuatro personajes diferentes (las clones) y logra darle personalidad propia a cada uno sin que se note mucho esfuerzo; cada vez que aparecen juntas, uno olvida que es la misma persona, estamos viendo personajes bien construidos y muy bien representados, aspecto que se lleva el aplauso de muchos críticos (incluyendo el mío). Lo mejor es que no se detiene ahí: la evolución que tienen hasta los personajes masculinos fluye conforme pasan los episodios y avanza la trama, se complica, pero alrededor de sus personajes y sin que haya mucho desliz de historias secundarias innecesarias, todo vuelve al tema de la controversial clonación y la interesante manera de tratar el tema.
Con solo diez episodios, por su evidente complicada manera de filmar, Orphan Black está entre las mejores series del año pasado y, al no haber estrenado en latinoamérica, no se pudo colar en las lista de este blog. Pero, al encontrarla en Netflix y con el estreno de la segunda temporada en abril, no podía dejar de ser una de las recomendaciones con más entusiasmo que hará este hablador de tele.  

domingo, 2 de marzo de 2014

Premios Oscar 2014

Cada año, la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas escoge una fecha estratégica para transmitir lo que puede ser la noche más extravagante y superficial de la industria del cine. Esta vez, por las olimpiadas de invierno en Rusia, los famosos premios Oscar llegan más tarde de lo acostumbrado, cuando ya la especulación deja de ser interesante y se vuelve más un "qué termine esto ya".
¿Por qué le ponemos tanta atención a esta ceremonia específica cuando ya no habrá ninguna sorpresa o -peor- no se le dará el premio al verdadero merecedor? No pienso intentar responder eso porque, de nuevo, aquí estaremos el próximo año quejándonos de lo mismo y especulando sobre la siguiente persona que agregue "ganador o ganadora del Oscar" a su currículum.
Pero aquí hablamos de tele y como espectáculo televisivo y entretenimiento de noche de domingo, los premios Oscar de este año resultaron, para mi sorpresa, muy agradables y entretenidos. Ellen Degeneres fue el común denominador de los mejores momentos de la noche con su carisma y simpatía durante casi toda la transmisión; porque ya cuando debían terminar, todavía faltaban seis premios por entregar y no había tiempo para más bromas ingeniosas. Pero qué buenas bromas logró DeGeneres las primeras dos horas. Desde su cierre de un buen monólogo ("Posibilidad número uno: 12 Years a Slave gana mejor película, posibilidad número dos: todos ustedes son racistas.") hasta la mejor parte de la noche cuando decidió llevar verdadera pizza que repartió entre Brad Pitt, Meryl Streep, Julia Roberts, Jennifer Lawrence y otras celebridades, lo que fue -me atrevo a decir- uno de los mejores momentos en la historias de los premios. Basta con ver la foto (selfie) que se quiso tomó más adelante con los actores que estaban sentados en primera fila:

El resto transcurrió con normalidad y sin muchas sorpresas; uno que otro discurso resultó muy agradable de escuchar y la genuina felicidad (a veces, nerviosismo) de los ganadores de los premios menos populares resultó de una frescura inesperada, cosa que casi nunca pasa.
Un problema grande fue el anunciado "tema" de súper héroes en las películas que no fue parte de lo que pudo ser una excelente narrativa a través de la noche; en cambio, los montajes de películas pasadas que hacían "honor" a esos héroes no fueron más que una recopilación de videos que salían de la nada y no llegaban a ningún lado, pérdida de tiempo. Por otro lado, mientras que las cuatro canciones nominadas, que fueron interpretadas en vivo, resultaron muy agradables y, sin duda, justificadas, las de Bette Midler y P!nk no fueron más que una extraña decisión de los productores que estoy seguro se arrepintieron de haberla tomado al ver que atrasaban todo y sin necesidad.
Al final de la noche, ni siquiera cortaron para comerciales; los tres premios más importantes se fueron, uno tras otro, sin mayor sorpresa y con el mejor discurso de parte de Cate Blanchett.
A pesar de tener cero sorpresas, varios deslices y una duración excesiva, los Oscar de este año (en gran parte gracias a Ellen), lograron lo que muchos nunca llegaron a alcanzar: hacernos disfrutar. ¿No es ese el punto?
Nos vemos el próximo año.

lunes, 24 de febrero de 2014

Mom

Es difícil encontrar una comedia con "audiencia en vivo" que valga la pena. Las cadenas de televisión dan luz verde a proyectos que sean baratos, ligeros y que atraigan audiencias grandes que buscan reír de chistes malos por una media hora sin ganar o perder nada. Entretenimiento light.
El caso de Mom no es diferente. De la mano de Chuck Lorre (The Big Bang Theory, Two and a Half Men, Mike & Molly) no se puede esperar otra cosa que no se salga del modelo que ya ha tenido éxito sin mucho riesgo. Pero conforme la temporada ha transcurrido, algo logra que los episodios de la serie sean fáciles de ver y, para mi sorpresa, de disfrutar.
Claro que tiene sus problemas de chistes innecesarios por minuto y la cantidad de personajes secundarios, introducidos desde su inicio, que no mantienen la constante solidez de historias que logran los escritores para las dos protagonistas, Anna Faris y Allison Janney.
La química que han logrado estas dos actrices con sus personajes es digno de ser visto. Mientras que Janney mostró una transformación inigualable de personaje desde su primera aparición, a Faris le costó un poco más, pero conforme va evolucionando su personaje en el papel, logra que evolucione en pantalla, más centrada y cómoda con su personaje en los aspectos tanto de comedia como de drama.
Porque esa es una parte importante de lo que la hace una serie recomendable: sus momentos dramáticos. Bonnie y Christy son alcohólicas anónimas en recuperación que deben lidiar con las consecuencias de sus acciones pasadas; en el caso de las dos: el haber quedado embarazadas muy jóvenes y no estar presentes en la vida y crecimiento de sus hijos. Aquí, Bonnie (Janney) es madre de Christy (Faris); y la hija de Christy, Violet, sigue los pasos de su madre y abuela al quedar embarazada a los diecisiete años.  Siempre de manera cómica, claro; pero, al ser un tema que puede ser delicado en cualquier otra situación, cuando los momentos de seriedad salen a la luz, Janney y Faris logran un excelente balance entre el diálogo sin chistes de las repercusiones que han tendido y deben enfrentar y la broma que cerrará al final de la escena. El espacio de crecimiento en este argumento es enorme y Mom ha logrado sobresalir lo suficiente en ese aspecto particular para merecer un espacio de recomendación en este blog. 
No es una maravilla televisiva y tampoco deja de ser una serie con fallas constantes que, de vez en cuando, se nota el esfuerzo de los escritores al intentar arreglarlas, pero ver la relación madre-hija que interpretan tan bien Janney y Faris es razón suficiente para ver media hora de un programa más light que, sin duda, puede crecer y llegar a ser una excelente comedia.

miércoles, 5 de febrero de 2014

House of Cards

Para escribir esta reseña tuve que recordar varios detalles y ver un par de escenas del drama original de Netflix y así poder plantear mejor cada punto que quería tocar. Mi sorpresa fue revivir el enojo que tuve cuando la vi por primera vez, y tuve que preguntarme por qué me daba esa emoción tan desagradable con una simple serie que supone entretener nada más. Lo interesante es que la misma no estaba muy clara de lo que quería ser. Mientras que los primeros dos episodios (dirigidos por David Fincher y, por lo tanto, los mejores) plantearon una serie de sucesos que nos llevarían dentro de lo que son las manipulaciones políticas de un hombre con mucho poder que hará todo lo que esté en sus manos para conseguir lo que quiere, eso con una dosis de historias alrededor del periodismo político para darle más jugo al asunto, el resto de la temporada resultó una colección de historias tratadas de la manera más aburrida posible.
El tono que le dio Fincher al programa sirvió; la música de Jeff Beal era muy buena, la coloración y cinematografía aportaron un ambiente frío y cínico y las actuaciones resultaron de buen tamaño. Como una película de trece horas. Pero la trama no logró sostenerse más allá de esos dos episodios iniciales. De pronto estábamos ante la venganza de un resentido Frank Underwood (Kevin Spacey) que no consiguió el puesto de Secretario de Estado, mientras los demás personajes servían como parte del engranaje que era hacer quedar mal al presidente, o conseguir un mejor puesto en la vicepresidencia, o quién sabe qué. Esto se fue haciendo solamente complicado y con personajes que servían el propósito de mover la trama sin crear una gota de empatía, cero dimensiones humanas o riesgos emocionales. Cada giro narrativo que tomaba la serie era para tener un desenlace sin peso alguno y volver al aburrido status quo. Al final de la temporada no sabía si reír o llorar con la cantidad de mi tiempo utilizado en un programa que ni siquiera fue digno de darnos un clímax aceptable. Podría ser que forme parte de un todo junto con la segunda temporada, pero ¿cuál fue el propósito de la primera, entonces?
El problema más grande es la manera en que Netflix nos presenta sus series: el modelo de tener la temporada completa disponible para consumir como el público desee es, en mi opinión, un error grave. Dejar al espectador con ganas es una de las maneras más básicas de crear televisión; un episodio por semana brinda la oportunidad de explorar, poco a poco, los personajes e historias que se quieren contar. Se trata de un crecimiento y mejoramiento de personas ficticias con las cuales queremos pasar una hora semanal. Cuando se ve una serie tan rápido (muchos episodios, o toda la temporada, en un fin de semana, por ejemplo) puede perderse esa forma tan interesante de la televisión como lo es el episodio. Con House of Cards, además de no tener una narración muy ágil, el hecho de tragarse todo tan rápido, no da paso a disfrutar y observar los detalles que se puedan encontrar en cincuenta minutos de historia. Si resulta que los siguientes trece episodios (disponibles todos el 14 de febrero) logran darle un cierre a la trama de mejor manera, ¿para qué llamarlas primera y segunda temporada? ¿Por qué pretender ser serie si el director y los actores son todos conocidos del cine? Otro tema importante de cual podría hablar un buen rato, pero ya se hizo muy larga esta reseña.
El proyecto tuvo éxito, sin duda, pero que fuera de buena calidad es otra cosa.  Y no deja de ser injusto que haya tomado el campo en tantas nominaciones de premios que otras series merecían más que ésta. Las cadenas de televisión deben cuidarse la espalda ahora que Netflix entró al juego sin temor de aplastar a nadie.

Volveré para contarles qué sucedió cuando termine de ver los nuevos episodios, para lo cual me tomaré el tiempo que necesite, uno por semana no suena nada mal.